F

ORACION

ay tanto que hacer y cada quien tiene su propia tarea en la gesta de nuestro tiempo. Madre Santísima, intercede para que yo reciba la fuerza y el aliciente para cooperar con la gran tarea de cambiar este mundo nuestro poniendo mi grano de arena, que bien podría hacer la diferencia. Amén
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martes, 29 de abril de 2014

Homilia para el Tercer Domingo de Pascua Ciclo A


Homilia para el Tercer Domingo de 

Pascua  Ciclo A



Entrada

Buenos noches, días, tardes:

Queridos hermanos, todavía no ha llegado Pentecostés y estamos en Pentecostés. Hoy veremos a Pedro presentarse junto a los Once, levantando la voz para gritarle al mundo que Cristo ha resucitado de entre los muertos y nos ha convertido en testigos de su resurrección. Cristo Jesús aceptó la muerte desde su fidelidad al ser humano y desde su fidelidad al Padre. Aceptó la muerte y la transformó para nosotros en vida, redención, resurrección... Les invito hermanos a ponerse de pie, mientras cantamos con entusiasmo para recibir a los ministros de la Eucaristía.


Primera lectura: Hechos 2,14.22-23 (No era posible que la muerte dominara a Jes£s)

No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. San 


Pedro nos hablará con claridad y nos dará su testimonio sobre la 


Resurrección, de la cual nosotros somos testigos. Escuchemos.


Segunda lectura: I Pedro 1,17-21 (Han sido redimidos con la sangre de Cristo)

El Señor con su muerte y resurrección nos ha rescatado de nuestra estéril manera de vivir, no con bienes efímeros, sino a un precio muy caro, el precio de la sangre de Cristo. Con Cristo resucitado hemos pasado ya a la vida de Dios, a la Vida Eterna. Pongan mucha atención a esta exhortación de San Pedro.


Tercera lectura: Lucas 24, 13-35 (Le reconocieron al partir el pan)

El texto del Evangelio de hoy es exclusivo de san Lucas, el cual describe la experiencia de dos discípulos camino a Emaús; dos comentaristas solitarios de lo sucedido recientemente. Iban caminando tristes porque creían muerto a su rey. Jesús se le hace presente y camina con ellos, sin ser reconocido. El compañero desconocido entró en su casa y en sus vidas, bendijo, partió y dio el pan. La palabra se hizo comida, sacramento y el amigo visible se hizo invisible. De pie, por favor, para que entonemos jubilosos el Aleluya, antes de escuchar el mensaje evangélico de hoy.


Oraci¢n: Universal


  • 1. A cada invocaci¢n, respondan, por favor: “Qudate con nosotros, Señor”
    Por la Iglesia; para que, caminando al paso de
  • viernes, 28 de febrero de 2014

    Homilía para el 8º Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A

    Homilía para el 8º Domingo del 
    Tiempo Ordinario, ciclo A, (2-3-2014),
     por José-Román Flecha
    “El fetichismo del dinero” es el título de la reflexión homilética del sacerdote y teólogo José-Román Flecha Andrés para el VIII Domingo del tiempo ordinario (2-3-2014)
    “¿Es que puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”. Así responde Dios cuando su pueblo murmura y blasfema, afirmando que Dios lo ha abandonado (Is 49, 14-15).  La tentación perdura a lo largo de los siglos. Los hombres nos quejamos de Dios y él responde afirmando su fidelidad.
    En su exhortación “La alegría del Evangelio” el Papa Francisco ha escrito que “el relativismo práctico es actuar como si Dios no existiera, decidir como si los pobres no existieran, soñar como si los demás no existieran, trabajar como si quienes no recibieron el anuncio no existieran” (m. 80).
    Olvidar a Dios y sus mandamientos es una tentación constante. Pero culpar a Dios de los efectos que se siguen de olvidarlo es una necedad y una blasfemia.

    LOS PÁJAROS Y LOS LIRIOS
    En este domingo continuamos leyendo el Sermón de la Montaña (Mt 6,24-34).  En el texto que hoy se proclama, se incluye una sentencia de Jesús que siempre nos ha resultado incómoda: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Jesús sabe que “nadie puede estar al servicio de dos amos”. Pero nosotros no nos servimos del dinero: servimos al dinero.
    En la exhortación “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco denuncia el fetichismo del dinero y la dictadura de una economía sin rostro. En realidad, aceptamos pacíficamente el predominio del dinero sobre nosotros y nuestras sociedades (n. 55). Pretendemos ser libres, pero nos hemos convertido en sus esclavos.
    Jesús nos propone el verdadero camino de la libertad. Nos invita a observar los pájaros del cielo y los lirios del campo. Dios los alimenta y los viste. Con esas preciosas imágenes nos invita a superar la obsesión por el alimento y el vestido.
    Claro que tenemos que ganarnos el pan y la aceptación de los demás. Pero no podemos convertir en fin de la existencia lo que es un medio para subsistir. Jesús nos quiere libres. Y, sobre todo, quiere que solo Dios sea nuestro Dios.

    EL REINO Y SU JUSTICIA
    “Buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”. Con esa expresión Jesús trata de alejarnos de la tentación de la paganía. Es decir de la idolatría que nos amenaza a cada paso.
    • “Buscad el Reino de Dios y su justicia”. El reino de Dios es una fórmula para hablar del mismo Dios. Su justicia es su santidad y su misericordia. Buscar a Dios era el anhelo del piadoso israelita. Y ha de ser el anhelo del verdadero discípulo de Cristo.
    • “Lo demás se os dará por añadidura”. Si de verdad buscamos a Dios y aceptamos su voluntad, veremos resueltas muchas de esas tentaciones del tener, el poder y el placer que nos corroen el alma y la salud. Reconocer a Dios como Dios nos librará de los ídolos.
    - Señor Jesús, tú nos recuerdas el valor relativo de todo lo que no es el Absoluto. Tú nos quieres libres y felices. Tú nos has enseñado que la salvación sólo puede venirnos de Dios. Bendito seas por siempre. Amén.
    José-Román Flecha Andrés

    viernes, 14 de febrero de 2014

    DOMINGO 6 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 16 de Febrero de 2014 -

    DOMINGO 6 DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO "A" - 16 DE FEBRERO DE 2014

    En el Evangelio de hoy continuamos con el Sermón de la Montaña, que comienza con el discurso de las Bienaventuranzas.  El Sermón de la Montaña lo predicó Jesucristo en los primeros meses de su Vida Pública y en él da la pauta de lo que sería la enseñanza que El venía a dar.   El centro de esta predicación del Señor es el Amor y la primacía de éste sobre la Ley.
       Por eso deja claramente establecido que no ha venido a abolir la Ley antigua, sino a perfeccionarla.  De allí la insistencia en decir: “Han oído ustedes que se dijo a los antiguos ... Pero yo les digo: ...”  Con este planteamiento, varias veces repetido, el Señor anuncia los perfeccionamientos más fundamentales que viene a introducir en la Nueva Ley.  Estos perfeccionamientos están basados más en el amor que en el cumplimiento de la Ley Antigua.  Y resultó que el amor terminó siendo  mucho más exigente que la Ley que los israelitas de entonces  trataban de cumplir al pie de la letra.
    Por supuesto, el contenido de este discurso impresionó a la gente que lo escuchó, pero dice San Mateo al final del Sermón de la Montaña que lo que más impresionó fue “su modo de enseñar, porque hablaba con autoridad y no como los maestros de la Ley que tenían ellos” (Mt. 7, 28)
    Veamos algunos de perfeccionamientos que el Señor nos presenta como preceptos de la Nueva Ley: 
    Al antiguo precepto de “No matarás”,agrega el insulto, la ira, la agresión, el desprecio, el resentimiento contra alguien.  Y explica con más detalle:  “Cuando vayas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda”.   
    Y ... ¿hacemos esto?  Cuando venimos a Misa y vamos a comulgar ¿hemos perdonado realmente a los que nos han hecho daño?  ¿Hemos pedido perdón a quien hemos ofendido?  ¿Nos hemos liberado de los resentimientos absurdos que tenemos contra los demás?  Y los llamamos absurdos, pues no hacen daño al otro, sino que terminan haciendo más daño a quien los lleva en su corazón. 
    El Rito de la Paz que se realiza justo antes de la Comunión indica precisamente esto a lo cual se refiere el Señor.  Pero … ¿nos damos “fraternalmente” la Paz, como indica el Celebrante?  En ese momento las personas que tenemos “próximas” representan al “prójimo”, al “hermano” de que nos habla el Señor en este pasaje.  Y ese gesto no significa un saludo banal, ni está allí para dar el pésame o las condolencias a los familiares del difunto por el cual se está ofreciendo la Misa.  Ese gesto significa algo muy concreto y exigente:  que no tenemos nada contra nadie, que nuestro corazón está limpio de rencor, de resentimiento y que, por tanto, puedo comunicar la Paz que Cristo nos da.   Sólo así, reconciliados plenamente con el hermano, podemos entonces comulgar y “presentar nuestra ofrenda”, en las condiciones que el Señor nos indica.
    El perdón es difícil.  Es uno de esos preceptos exigentes que pone Jesucristo en su Ley del Amor.  Si nos cuesta, pidamos esa gracia al Espíritu Santo.  Esa gracia del perdón es de las cosas buenas que el Señor desea que le pidamos, para El dárnosla.  Es bueno acostumbrarse a pedir virtudes, a pedir cosas buenas ...  y no tanta cosa poco útil a la vida espiritual.     
    Otro perfeccionamiento a la Antigua Ley que nos da Jesús se refiere a que, aunque no se materialice algún acto que vaya contra la Ley, ya con sólo el deseo, hemos infringido la Ley.  El solo deseo de algún acto contrario a la Ley de Dios, ya es una falta. 
    Por eso el que habla contra alguien, sobre todo si es una calumnia, ya ha asesinado a ese hermano en su corazón.  También el que haya mirado a alguien con deseo, aunque no materialice ese deseo, ya ha cometido adulterio en su corazón. 
    Como vemos, la Ley Nueva se centra también en lo íntimo de la persona, en aquellos pensamientos y deseos nuestros que sólo Dios conoce.  De allí la importancia de la pureza de corazón, de no tener deseos escondidos, ni de manifestar en palabras, cosas  que vayan contra el amor.
    También habla el Señor contra el divorcio y a favor de la indisolubilidad del Matrimonio Cristiano.  No es lícito divorciarse y volverse a casar.  Y  basado en esto la Iglesia no permite la recepción de la Comunión a los que se encuentran en esta situación irregular, pero sí los invita a venir a la Santa Misa,  a orar, e inclusive a hacer obras de caridad y  a participar en algunas actividades de la Iglesia, invitándolos siempre a pedir la gracia de regularizar su situación.
    Jesús nos habla también de no jurar.  Y nos dice que la cuestión es muy sencilla:  decir simplemente sí, cuando es sí, y no, cuando es no.  Así nunca necesitaremos jurar.   
    Para comprender y vivir esta Nueva Ley que Jesús nos trae es necesario que el cristiano esté abierto y se deje penetrar de la Sabiduría Divina.  San Pablo sigue insistiendo en esto a lo largo de esta Primera Carta a los Corintios que hemos estado leyendo estos domingos, junto con el Sermón de la Montaña. 
    Juzgados estos exigentes preceptos del Señor con sabiduría humana, la cual San Pablo desecha por completo en esta Carta, es imposible comprenderlos y cuesta mucho aceptarlos.  Pero la Sabiduría de Dios, nos dice San Pablo, “que es misteriosa y escondida ... fue prevista por Dios para conducirnos a la gloria”, para llegar a disfrutar de “lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”.        Y ¿quiénes son los que aman a Dios? Los que cumplen sus preceptos, los que siguen su Voluntad.
    Y eso que Dios tiene preparado no lo podemos ni imaginar.  Así dice San Pablo:  “ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado”.  Esa es la descripción del Cielo que nos da San Pablo.  El lo vio, y eso es lo que nos da a conocer de lo que vio.
    Por eso hemos cantado en el Salmo: “Dichoso el que cumple la Voluntad del Señor”.  Dichoso, porque podrá llegar a ese sitio que Dios nos tiene preparado.  En vez de pensar que los preceptos del Señor son imposibles o demasiado difíciles, debemos orar como lo hicimos en el Salmo:  “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado.  Enséñame, Señor, a cumplir tu Voluntad  y a guardarla de todo corazón”.  Amén. 

    jueves, 30 de enero de 2014

    Presentación del Señor 02/02/2014

    El domingo, el 2 de febrero de 2014


    LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

    (Malaquías 3:1-4; Hebreos 2:14-18; Lucas 2:22-40)

    El templo es lugar primordial en el evangelio según san Lucas.  Pues, su historia de Jesús comienza y termina dentro de sus murallas.  Después del prólogo, el evangelio cuenta cómo el ángel anunció a Zacarías en el templo que su hijo Juan preparará al pueblo para el Mesías.   Al final de evangelio los discípulos están en el templo alabando a Dios.  Sólo en este evangelio Jesús mismo llama el templo la casa de su Padre, y el evangelio ni siquiera sugiere que Jesús destruiría el templo.  En el pasaje de hoy vemos a María y José llevando a Jesús al mismo templo.

    La pareja parece como muchos padres hoy día acudiendo a la iglesia para el bautismo de sus niños.  Mirando a sus hijos, se piensan en el futuro.  Muchos de ellos vivirán hasta el vigésimo segundo ciclo. Sus padres se preguntan: ¿Cómo será la vida entonces?  ¿Van a estar mirando el Superbowl en televisores tan grandes que ocupen toda la pared de la casa?

    Más al caso, los padres quieren saber qué tipo de persona serán sus hijos. Preguntan si se dirán de ellos lo que un hombre dijo de su mamá: “Ella tiene una historia con Dios’”.  El viejo Simeón responde a tales inquietudes en los padres de Jesús.  Tomando al niño en sus brazos, Simeón dice que él será la luz de las naciones. Eso es, Jesús instruirá a todos los pueblos los modos del Dios de Israel. 

    Al ser luz de las naciones, Jesús va a crear crises en las vidas de todos aquellos que lo encuentren.  Ellos tendrán que decidir por él o contra él.  Eso es, tendrán que responder al interrogante: ¿en el final de cuentas vale más la preocupación de los afligidos o la gloria del mundo?  Hoy, el día del Superbowl, podemos proponer esta pregunta así: ¿sería mejor ganar la vida eterna o el campeonato nacional de fútbol? Si no puedes tener los dos, ¿cuál prefieres?  Se dice que el famoso entrenador de fútbol Vince Lombardi comentaba: “Ganar no es toda cosa, es la única cosa”.  ¿Es cierto que ganar el partido es la única cosa que vale o es sólo la vanidad de vanidades?

    Cuando Simeón añade que Jesús será un signo de contradicción, tiene en cuenta su crucifixión. La contradicción es que en Calvario Jesús, sangriento y muriendo, vence el mal.  Por eso, la persona que lo mira diciendo: “Gracias, Señor, te seguiré aun si me pasa a mí la misma suerte” va a recibir un premio eterno.  Mientras la persona que menea la cabeza pensando que nadie vale tal gran sacrificio va a acabar desilusionado.  Sin embargo, a nosotros, bien acostumbrados de ver el crucifijo, nos cuesta capturar la contradicción.  Por eso, propongámonos otro signo de contradicción más contundente.  Los niños con el síndrome Down u otra discapacidad a menudo provocan las mismas reacciones que Jesús en la cruz.  Al mirarlos, ¿meneamos la cabeza murmurando, como muchos en el mundo hoy, que sus madres los deberían haber abortado?  O ¿podemos ver a tales niños como son en realidad: dones de Dios que valen todo nuestro amor? 

    Hoy, el dos de febrero, es el día en que tradicionalmente se bendecían las velas para los servicios litúrgicos.  La razón es evidente: así como las velas alumbran la iglesia, Jesús alumbra las naciones con su verdad.  Podemos decir con más certeza que Vince Lombardi que seguir a él es la única cosa que vale.  Pues, Jesús nos guía a través de las vanidades de este mundo a nuestro premio eterno.  Jesús nos guía al nuestro premio eterno.

    lunes, 20 de enero de 2014

    DOMINGO 3 del TIEMPO ORDINARIO -A- Enero 26, 2014

    DOMINGO 3 del TIEMPO ORDINARIO  -A-
    Enero 26, 2014

    Lecturas:  Isaías 8: 23 - 9: 3;  I Cor. 1: 10-13;  Mateo 4: 12-23


     


    I.                    INTRODUCCIÓN:

    1.      A todos nos gusta la luz y por el contrario las tinieblas o la negrura de una nocheoscura nos llena de miedos, que a veces vienen de la misma infancia.  Ya de pequeños hemos dicho a nuestros padres al dormir en nuestra propia habitación, que al ponernos para ser acostados en nuestras camas, al salir, le rogamos a los padres que dejen la puerta un poco abierta.  Por esa puerta entreabierta con toda seguridad entraba un rayo de luz en medio de la oscuridad de la noche, y ello era suficiente para sentirnos seguros y protegidos de cualquier peligro.

    2.     Por eso la luz es símbolo de alegría y de vida.  No en vano Jesús ha usado este mismo símbolo como hecho significativo de lo que Él es y de lo que Él nos ha venido a traer.  Un mensaje que pueda llenarnos de esperanza, de vida, de alegría.  Es  la Buena Nueva  que Él ha venido a anunciarnos como legado de amor de su Padre que ha sido planeado como tal desde toda la eternidad.  Es ese plan de redención al cual todos queremos acogernos y uno de cuyos símbolos más llamativos es LA LUZ.  Jesús lo diría más tarde como mensaje de su ministerio apostólico:  ”Yo soy la luz del mundo.  El que cree en mí no anda en tinieblas” (Juan 8: 12).

    3.    En esta lectura de Isaías podemos ver este contraste, al narrar que el pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz.  Es un pasaje profético de Isaías, donde anuncia el día de Yahvéh y la aparición del Mesías que traerá la liberación a todos aquellos que han sido oprimidos o que han tenido la desgracia de estar en el destierro.  Este Mesías les devolverá a su tierra, a su pueblo, y podrán gozar de la libertad con la que han soñado.

    4.     El imperio y el reinado, dice Isaías, recaerá sobre un niño de la tribu y del linaje de David.  Con ello no solo se anuncia la venida de un rey histórico, Ezequías, sino del reymesiánico que traerá un reino de justicia y de paz.  Como resultado de la venida y de la aparición del Mesías, se podrán ver los frutos que se derivan de su venida:  La alegría, el gozo similar al que el labrador experimenta al recoger su cosecha; se podrán ver la luz y el esplendor que estará basado en la verdad.   Y sobre todo los que han sido esclavizados por la mano dura del tirano, serán liberados de esta tiranía y de este poder de los enemigos de Yahvéh.   Y todo porque vendrá un niño, que se llamará Dios todopoderoso, Padre eterno y Príncipe de la paz.  La luz habrá vencido a las tinieblas que ensombrecían a las gentes de este tiempo, en la tierra de Zabulón y Neftalí.  Es la visión profética de Isaías en el Siglo VIII BC.

    II.-    EVANGELIO:  Mateo 4: 12-23

    1.     El Evangelista San Mateo se sirve de ese momento histórico en la vida del pueblo hebreo para así hacernos la presentación en público de Jesús.  Es a través de estos símbolos de oscuridad y luz, como nos adentramos en la personalidad y en la identidad de Jesús, que viene precisamente a este mundo para sacarlo de sus tinieblas, y para invitarle a vivir en esa LUZ que Él trae y que Él mismo es.    Y es por esa razón por la que Mateo ve en ese símbolo der la Luz a Cristo personalizado en la misma luz.  No es solo la Luz, es Jesús quien es la misma Luz que ilumina los corazones y las mentes de los que con completa libertad quieren acercarse a Él y a su mensaje.

    2.    Isaías con su oráculo o profecía nos anticipa la venida de una persona, un Salvador, que viene a disipar las tinieblas en las que el mundo entero está sumida a causa del pecado.  Es como si dijéramos, llevando la alegría más profundamente,que el mundo estaba bajo el dominio del príncipe del mal, Satanás.  Era un mundo sin redimir, un mundo embarcado en el pecado que llevaba a cuesta y del cual nadie, ni con sacrificios ni holocaustos, había podido ser librado.  La ofensa era infinita por el pecado individual de nuestros primeros padres y colectivo de la humanidad, y solo alguien con el valor infinito de su naturaleza, podía libera a esta humanidad del pecado.  Jesús sería el SALVADOR de toda la Humanidad.

    3.    Él, Jesús es el Predicador del Reino de Dios.  Este Reino será parte esencial de la vida de Jesús.  Él ha venido para implantar este Reino en los corazones de los seres humanos y su vida, su tarea, su ministerio, y después su arresto y su muerte, serán sobre todo por causa en  nombre de este Reino que Él ha venido a implantar en la Tierra.  No es posible decir que Jesucristo vino al mundo para morir por los pecados de los hombres y mujeres del mundo.  No.  Él ha venido para implantar un Reino de Justicia, de Verdad, de Amor y de Paz.  Y por predicar y defender este concepto del Reino, que es un nuevo concepto de Religión, y un nuevo concepto de Dios, por ello mismo Él será perseguido y arrestado y por fin ejecutado en una Cruz.

    4.    La conclusión que este concepto de la vida de Jesús y de su Reino implican en nosotros es la siguiente:  estoy yo dispuesto a aceptar y ser parte de ese reino de la Verdad y de la Justicia?.  Cómo me dejo yo iluminar por esa LUZ que es Cristo que ha venido a transformar la Humanidad?.  Soy yo, o aspiro a ser, la imagen de un Dios que puede ser reflejada en mi vida para que otros puedan ver esta luz reflejada a través de mí?.  Es la presencia de Dios suficientemente viva y presente en mi vida como creyente para así ayudar a la evangelización de los que no creen?.  O es mi vida una tiniebla, a través de la oscuridad del alma y del pecado, que impide que la Luz de Dios brille para otros?.  Soy yo un obstáculo para esa Luz?.   Todo un sinfín de preguntas que exigen una clara respuesta del seguidor de Cristo.

    5.    La vida nos lleva por caminos muy distintos a todos y en medio de estos caminos siempre encontramos gentes que son distintas, de una etnia distinta, o de una raza distinta.  O de una religión distinta.  El cristiano debe hacer un examen continuo para poder purificar muchas de estas tendencias de aislamientos, discriminación, fasta de respeto, a la dignidad de aquel que es diferente, y que de ordinario vive al margen de la sociedad, porque esta misma sociedad, y sus miembros, no le abren sus brazos para darles la Bienvenida.  Prejuicios, discriminación, odios, explotación del prójimo porque este no tiene sus papeles en orden o porque simplemente es distinto.  Con todo ello contribuimos a la OSCURIDAD y las TINIEBLAS en que estaban sumidos los pueblos antes de la venida de Cristo.  Pero, Jesús ya ha venido para traer la LUZ y ser Él LA LUZque  ilumina las conciencias de la Humanidad. 

    CONCLUSIÓN:

    1.   Con la alegría de haber encontrado y recibido la Luz de Cristo, cantamos con el Salmista en el Salmo de este Domingo:  “El Señor es mi Luz y mi salvación.  A quién temeré”   (Salmo 26).

    2.     Esta Eucaristía a la que nos acercaremos en breve es nuestra fuente de unidad y de Luz que disipa las tinieblas del pecado.  Con ella podemos decir que en Jesús, haremos lo posible para que donde haya odio reine el amor, donde haya tristeza, alegría, donde haya explotación, justicia y donde haya guerra, paz.  Con ello, día a día, persona a persona, vamos construyendo un mundo mejor.  Construimos SU REINO.

    jueves, 16 de enero de 2014

    HOMILIA PARA EL 19 DE ENERO DE 2014

    Homilía para el 2º Domingo Tiempo Ordinario (19-1-2014), por José-Román Flecha

    cordero
    Homilía para el 2º Domingo Tiempo Ordinario (19-1-2014), por José-Román Flecha
    “Mayor que el profeta” es el título de la reflexión homilética del sacerdote y teólogo José-Román Flecha Andrés para el Bautismo del Señor (19-1-2014)
    “Es poco que seas mi siervo  y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Estas palabras de la segunda parte del libro de Isaías (Is 42, 1-7) nos presentan la misión universal del “Siervo de Dios”.
    Pascal escribió que cuando llueve en la aldea, algunos párrocos suben al púlpito y anuncian el diluvio. Somos demasiado provincianos. El mundo se extiende mucho más allá de nuestro pueblo. Y la Iglesia es más amplia que nuestra parroquia. Dios desea que la voz de su Siervo llegue hasta el confín de la tierra.
    También en estos tiempos necesitamos creyentes como éste. Los profetas de hoy no pueden limitarse al grupo con el que se identifican. Han de salir a “las periferias existenciales”, como dice el Papa Francisco. Tal vez no podemos incendiar el mundo, pero podemos al menos encender una luz que indique el camino del bien y la verdad.
    ANUNCIO Y TESTIMONIO
    Juan Bautista sabía bien que él no era el Mesías. Ni siquiera lo conocía antes de que le fuera mostrado por el Espíritu. Juan no tenía las respuestas que su pueblo esperaba. Pero podía, al menos, anunciar la llegada del Mesías. Y manifestarlo cuando lo descubrió ya presente entre los hombres.
    En el texto que hoy se proclama, Juan manifiesta con humildad su propio descubrimiento (Jn 1,29-34). Ha llegado ya el que es mayor que él mismo.  Ha visto al anunciado por los profetas. Y, entre el Jordán y el desierto,  él realiza su vocación de profeta anunciando su llegada a todos los que le escuchan.
    Claro que Juan no se reserva para sí mismo su descubrimiento. Sabe que la salvación no le pertenece. Quien ha descubierto la verdad no tiene más remedio que comunicarla. Con su palabra y sobre todo con su propia conducta. El anuncio, la profecía y el testimonio son cualidades que se esperan también hoy de los creyentes.

    EL CORDERO Y LA PALOMA
    Las palabras que el Bautista dirige a las gentes sobre Jesús resumen nuestra fe en el Mesías y orientan nuestra vida de cristianos.
    • “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Jesús es el cordero de la nueva Pascua. Al mirarle a Él, descubrimos nuestro pecado. Y al mirarnos, él nos redime del pecado. Él se ha ofrecido en sacrificio por nuestra salvación.
    • “He contemplado al Espíritu que bajaba sobre él como una paloma y se posó sobre él”. El Espíritu que Isaías veía sobre el Siervo de Dios lo ha visto Juan sobre Jesús de Nazaret. Él es la tierra firme que encuentra la paloma tras el diluvio.
    • “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”. Juan Bautista no habla de oídas. Como él, todos los que hemos experimentado la cercanía del Señor, damos humildemente testimonio de su presencia.
    - Señor Jesús, como Juan Bautista, también nosotros hemos descubierto en ti la promesa ya cumplida de nuestra redención.  Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.  Amén.
    José-Román Flecha Andrés